jueves, 31 de mayo de 2012

Al que no quiere caldo…


…dos vuelos

Sabido es mi terror a volar: alguito he escrito sobre eso, y quienes me conocen no entienden cómo con tantas horas de vuelo, aún me quita el sueño el gran pájaro de hierro. Así que podrán imaginarse la cara que puse hace un tiempo cuando descubrí que mi supuesto viaje directo Hanoi-Phnom Penh era en realidad Hanoi-Vientiane, Vientiane–Phnom Pehn.
¡¿Cómooooooo?!
Cuando la “em oi”* del check-in me entregó par de pases a bordo, pensé que como mi pasaje era ida y vuelta, ya me adelantaba el regreso. Pero cuando vi impreso Vientiane me dije, “vaya, la cagaron” y me apuré a aclararle…
- “Em oi, I’m going to Kampuchea” (nótese la combinación de inglés y vietnamita, explosiva mezcla que con mucha mímica me salvó la vida 2 años en Hanoi).
- “Yes sir (su inglés, impecable) you have to take 2 flights. Please, move on”.

LO QUE DIJE: “Well thank you, xin ca mòn
LO QUE PENSÉ: “Aaaaaarrrgrghhhhaaaaannoooooooooooooo

Por un lado, me agradaba acortar los tiempos allá arriba, así como volver al aeropuerto Watay de Laos, sobre todo para ver si cambiaba la impresión que me dio aquel marzo de 2008: una terminal de guaguas con duty free… Por el otro, era pasar dos veces más por la tensión del despegue y el aterrizaje, aunque la verdad sea dicha, los pilotos de Vietnam Airlines son buenos.

De hecho, recuerdo el pedazo de susto que me pegaron al aterrizar la primera vez que viajé con la aerolínea nacional de Vietnam, a Laos precisamente… A mí los pilotos de Copa, Air France, Taca y Aeroflot me habían acostumbrado al descenso gradual, como vacilando los peldaños de la escalera zepeliana… Pero estos “em oi” se lanzan en picada, a una velocidad solo comparable a la que desarrollan mis wevos del escroto a la garganta en cada aterrizaje…
Luego me acostumbré y hasta me sentía más seguro: me contaron que muchos son pilotos occidentales que no tienen trabajo o son mal pagados en sus países, y en Vietnam hacen su pan. Como los futbolistas africanos y argentinos, desconocidos hasta en su casa, pero que en Asia son Drogba o Messi. Okey, sus salarios serían irrisorios en Europa, pero en Vietnam,hmmmmm…
Pero vuelvo al cuento de los pilotos clavadistas.
También supe que muchos, en especial los vietnamitas, fueron pilotos de combate. Eso quizás explica sus maniobras bruscas, pero que yo aprendí a gozar, y las gozaba casi tanto como el susto que provocaba en otros extranjeros, turistas sobre todo.
Recuerdo una vez que volvía de Saigón, y al lado se me sentó una francesa, señora mayor ella. Cuando la nave comenzó el descenso a Hanoi, noto a la vieja mirando nerviosa por la ventanilla, a mí, al pasillo, hasta que no pudo más y me preguntó, asumiendo que yo entendía francés:
-         Excuse moi, c’est normal?
-           Oui, oui, madam, pas problema… -le contesté, apelando a un bocadillo inolvidable de Astérix y Cleopatra, con su más inolvidable aún Monica Belluci. La señora se calmó, o aparentó calmarse, y el A330 se posó, delicado como siempre, en la pista del aeropuerto Noi Bai.
Mientras el avión rodaba rumbo a la terminal y los vietnamitas bajaban sus bultos, cagándose olímpicamente en la orden de mantenerse sentados y con el cinturón puesto hasta que apagaran los motores, me viré para la vieja y le susurré sonriente la gran verdad que le oculté antes:
-           Madam, je m’emmerde toujours… -y ante su atónita jeta, me paré a recoger la mochila donde traía el mayor tesoro del Delta del Mekong: una mano de plátano macho como no se consigue en Hanoi, y que casi vuelve loca a media Aduana en Saigón.
Pero esa es otra historia, a ver cuándo la cuento…



* em oi, es la manera vietnamita de llamar a una persona más joven, sería algo así como hermana(o) menor. Algunos latinos en Vietnam usamos nos referimos en general a los jóvenes como los “emoe”, un cariñoso barbarismo…

viernes, 2 de marzo de 2012

La trascendental reflexión de Tiahuanacu


Era octubre de 2007 y por obra y gracia de la Cumbre de Pueblos Originarios, estaba yo a 3.845 metros sobre el nivel del mar, embarazosamente pálido entre mil indígenas de todo el mundo, en las ruinas de una de las mayores civilizaciones pre-incaicas...
Llegué a Tiwanaku, también conocido como Tiahuanaco, y en mi vasta incultura precolombina no sospechaba que había caído en un lugar con la significación mística y fundacional de Gize, Teotihuacán, Stonehenge, Petra, el Partenón, Nazca o Altamira...
Estaba en la fabulosa Ciudad de los Dioses, el complejo de templos más cercano a los Creadores que jamás se haya erigido, donde antaño se veneraba al gran Viracocha y ahora se rinde culto a la Pachamama, la Diosa Madre del Planeta y sus Seres...
Luego me aburriría de chayas, aptapis y jayayas, pero aquel día entraba al universo aymara y lo hacía por la puerta grande, o para ser más exacto, por la Puerta del Sol, concebida para que cada 21 de septiembre reciba al primer rayo del equinoccio primaveral...
O sea, hace tres milenios ya los moradores del altiplano tenían los conocimientos para construir según la posición de los astros, a partir de complejos cálculos astrales y matemáticos que, para no variar, también son caldo de hipótesis alienígenas...
Pues ahí estaba yo, sentado en el suelo del templete semi-subterráneo, escuchando a Rigoberta Menchú y tomando notas, mascando una coca nauseabunda, pero eficaz para conjurar el "soroche", ese malestar provocado por la altura y la falta de oxígeno...
Aún no lo sabía, pero sostenía la libreta con una fractura en la cúpula radial del codo izquierdo: un compatriota de bata blanca me dijo que era "un mal golpe" y yo le creí, pero en realidad me dolía un mundo, y no había espíritu altiplánico que me aliviara...
Y... ¿Qué podría contarles de aquello?
Podría contarles que aquel día sentí el influjo de la Pachamama y el amparo de los fantasmas aymaras, saciados por ofrendas de coca, alcohol y cagajón de llama...
Podría filosofar sobre cómo un indio llegó a presidente, y antes de tomar posesión en Palacio Quemado se encomendó a la Pachamama precisamente en Tiwanaku...
Podría regodearme en el privilegio profesional y humano de estar donde no muchos llegan, o ni siquiera saben que existe...
Podría alardear de mi entrevista a la Nobel guatemalteca, tras volar en un Hércules preñado de indígenas hasta las selvas del Chapare, donde Evo comenzó a ser Evo...
Podría comentarlo fingiendo indiferencia, como si fuera pan mío de cada día, como si restarle importancia a lo excepcional no resultara más pedante aún...
Podría contar recuerdos idílicos, porque los hubo, pero lo que nunca, never, nooit, jamais, mai, никогда, neniam olvidaré de Tiwanaku, fueron las horas tirao en el polvo, con tremendo solano ensopándome el cerebro, narcotizado por los mil y un aromas de la Pachamama y con Carmina Burana atronándome las tripas vacías...
Ahí aprendí que los buenos o malos recuerdos pueden depender de un simple trozo de pan en la mochila...

martes, 14 de febrero de 2012

Enamorisqueando en Ho Tay


Es 14 de febrero, pero a Hanoi le importa un bledo, y a mi también... Hay frío y bruma en los alrededores del lago Hoan Kiem, y yo no creo demasiado que hoy, precisamente hoy, tenga que demostrarle a nadie lo mucho o poco que signifique para mí... Sí, a veces soy un bofe...
Estas fechas se me antojan pretextos para recordar lo que se olvida el resto del año, y eso aplica a los enamorados y a cuanta costumbre, profesión o gente se le dedique un día... Así que lo advierto: puede ser que hoy lo felicite, y créame que lo hago de corazón, pero no creo en Día de los Enamorados, ni en San Valentín, ni en justificaciones del querer...
Ahora bien, que no crea en efemérides no significa que no crea en el amor. Lo mucho o poco que he logrado en la vida ha sido amando a full y sin cortapisa, causa de más de un descalabro emocional que, afortunadamente, siempre cura alguien nuevo que amar...
Y como una de mis pasiones incurables es vivir y cronicar, salí a vivir el atardecer de este 14 de febrero en un Hanoi de aceras enfangadas por una pertinaz llovizna, dos palabras que, por cierto, o se aman con locura o en la prensa hispana no saben separarlas.
En la misma esquina del micro-mundo que es mi cuadra, las florerías vendían sus bouquets de flores diz que traídas de Da Lat, a cuál más caro, aunque de vez en cuando a mí me rebajen las rosas, sabe Dios por qué...
Las flores en Vietnam son preciosas, hay que admitirlo. Aquí tienen arte para los arreglos, aunque repitan muchos diseños, pero los colores, las cestas y los adornos apaciguan hasta a la más farruca de las leonas que a medianoche espera, machete en mano, al marido putañero...
Y a mi no me hagan caso, porque no me consta, pero a las vietnamitas les dicen las leonas, y por blandas no será...
Porque eso no falla: tras el casorio, la chica moderna se pone el "ao dai" de la tradición, pare y con la placenta bota la libido, mientras el marido cumple el guión de macho, y mantiene una querindanga o acaba las tardes pagándose un masaje con "happy ending"...
No siempre fue así. Al principio hubo un romance, que ellas vivieron como heroínas de una novela de Corín Tellado, con sus dosis de sufrimiento, pasión -o lo que aquí entienden por tal- y escenas que cualquiera podría considerar bonitas, aunque para mi son infantiloides...
No sé, esos dramones personales de amores imposibles parece que aquí calan, quizás por las frustraciones y desgarramientos que dejaron años de guerra, tronchando juventudes e historias que conmueven, y conmueven en serio, nada de culebrón japonés...
Tal vez tiene que ver con el imaginario de una cultura rica en simbologías y leyendas, como el romance de la princesa Tien Dung, hija del último Rey Hung, y el pobre campesino Chu Dong Tu, que huyeron al Cielo cuando las intrigas mundanas conspiraron contra su amor...
Ella, heredera de la dinastía que fundó la nación, él, huérfano... La princesa navegaba el río Cái cuando una ola barrió una duna y descubrió al joven que, temeroso, se había escondido al ver el convoy imperial... Cualquier parecido con la Dama y el Vagabundo es deja vú...
Estos amantes son considerados un símbolo del amor, por ello se les venera cada comienzo del año lunar en los poblados de Da Hoa y Yen Vinh, cerca del humedal Da Trach. Las parejas los invocan, y en sus altares nunca le faltan inciensos, ofrendas y peticiones...
Y si en las aldeas de antaño las muchachitas querían buscar agua para encontrarse en el pozo comunal con sus pretendientes, ahora los jóvenes suelen romancear alrededor de los lagos de Hanoi, aunque el más concurrido es, por lejano y oscuro, el inmenso Ho Tay (Lago Oeste).
En sus riberas, los enamorados parquean sus motos y pasan las horas haciendo... cualquier cosa menos lo que hacen las parejitas en Cuba: una noche yo, por pura curiosidad antropológica, estuve mirando, pero aquí no se hacen nada de nada... ¿Para qué quieren la oscuridad?  
En fin, cada cual goza el amorío a su manera, y aquí hay 54 etnias que tienen sus liturgias particulares para el cortejo, el noviazgo y el matrimonio, que por lo general dura hasta que la muerte los separe, porque las divorciadas aquí... ufff!!!
Pero bueno, hoy todo es amor... De divorcios y dramas ya habrá tiempo para hablar...

lunes, 13 de febrero de 2012

Rezándole a los vietnamitas en cubano


Cualquier día del año es bueno para ponerse en buena con los seres celestiales, pero en el primer mes lunar es mejor, una porque los ancestros "bajan" a la tierra, y están más cerca, y otra porque se supone que lo que bien comienza, bien termina...
Así, en las primeras semanas de cada año lunar se suceden las liturgias rurales y urbanas en templos que en apariencia son bastante parecidos, pero se diferencian en su significado y utilidad: cada petición tiene su oficina de atención al pueblo...
Entre los destinos religiosos destacan las pagodas Hoa Yen y Dong del monte Yen Tu, los templos a los Reyes Tran y a los 18 Reyes Hung, la Pagoda del Perfume, el Tempo del Tesoro de Ba Chua Kho, y el mercado espiritual Vieng.
A su vez, muchos se postran en el templo de Bai Dinh ante una de las mayores estatuas de Buda en Vietnam, rinden tributo al generalísimo Tran Hung Dao en la norteña Hai Duong, o piden fertilidad en la capitalina pagoda del pilar único.
Y como yo no soy de aquí, pero aquí vivo, el primer día del Año del Dragón salí a ver la rareza del Hanoi desierto, y acabé en la pagoda de Hoa Ma, al fondo de mi casa, descalzo a pesar del frío, y rezándole en cubano a unos muertos vietnamitas.
No es la primera vez que iba a una pagoda... De hecho, para mi cuando viste una ya las viste todas, pero nunca lo había hecho en una fecha tan significativa...
Porque visitar el templo al llegar el Tet es tradición en esta nación profundamente espiritual y no menos supersticiosa, siempre preocupada por hacer las cosas como el Creador manda.
Si bien existen católicos y protestantes, aquí casi todos son budistas, con variantes autóctonas como el Cao Dai y el Hoa Hao. En Vietnam se venera principalmente a los muertos, a los cuatro Santos Inmortales, y a los Fundadores de la Nación, los ya mencionados Hung.
También se rinde culto de una manera u otra, en casas o santuarios, a los héroes de la Patria, en especial al presidente Ho Chi Minh, el sempiterno Tío Ho. Y eso va más allá del culto a la personalidad que no muy lejos de aquí llega a ser demencial...
Ello obedece a un precepto de los vietnamitas que me impresionó por lo rigurosamente que lo respetan: "al beber agua, recuerda el manantial", principio que explica el constante retorno a la semilla, tanto de las ciudades al campo, como del extranjero a la tierra natal.
Y si bien estos primeros días son de reunión ante el altar doméstico, cada familia se ocupa de mandar un emisario a la pagoda para tramitar sus ruegos, postrado ante las figuras, entre salmodias, campaneos e inciensos.
Admito que, más que paz, a mí las pagodas me traen incomodidad por su atmósfera cargante y oscura, el denso olor del incienso, sus altares escalonados y recargados de imágenes, ofrendas, frutas, cigarros y fotos de difuntos, que completan un ambiente abigarrado.
Pero eso también tiene su belleza, y en la vida hay que saber descubrirla y apreciarla en sus diferencias, porque valores no les faltan... 
El protocolo es el mismo: se debe entrar descalzo, en silencio, se saluda el altar principal con las manos unidas, y luego se recorre la pieza deteniéndose ante cada estatua, desde el más beatífico de los monjes hasta el más feroz de los guerreros.
Por eso a las pagodas se llevan fajos de pequeña denominación (mil, dos mil dongs), para colocar un billete ante cada figura: hay quien tiene dinero para más, pero los Santos no son tan ambiciosos. Ellos no, pero fuera del sagrado recinto...
Fuera del sagrado recinto el patio parece una convención de buscavida de lo místico, desde comerciantes de parafernalia litúrgica hasta lectores de la fortuna, mendigos y vendedores de caligrafías dorada que insisten en que si se las compro me haré rico...
Yo los miro y quisiera por un instante saber vietnamita para decirles "si eso funcionara no estarías aquí vendiéndolas, cabroncete!
Pero es parte del todo. Igual hay gente que, amen de pedir salud y fortuna para si, para la familia y el país, acuden a los templos a encontrar cierta calma interior, sentir esa conexión entre cielo y tierra que define la espiritualidad nacional.
En algún rincón de los patios existe un horno ritual donde arden billetes falsos y textos sagrados, mientras en las bandejas se apilan las ofrendas, que pueden ser de cualquier tipo de alimentos, menos cárnicos. Y es lógico, se pudre un bistec y se jodió el incienso...
Thich Thanh Nha, bonzo de la pagoda Tran Quoc, me explicó que el ofrecimiento debe ser "el más puro", pues en estos recintos se encuentra una santidad incapaz de descomponerse. Me dijo además que el rezo es vano si no se acompaña de acciones...
O como diríamos los "tay" (occidentales): a Dios rogando y con el mazo dando...

lunes, 6 de febrero de 2012

Año nuevo, bosques nuevos

  Los ramajos de melocotoneros en flor, esos que hace un mes costaban una pequeña fortuna en dependencia de su tamaño o ganas de presumir del comprador, yacen ahora en los contenes de medio Hanoi como muestra inequívoca del fin del Tet.
   Este 6 de febrero gregoriano se cumplen dos semanas exactas del inicio del Año del Dragón, y aunque hace rato acabó el feriado oficial, muchos comercios parecen no haberse enterado, por la terquedad de sus puertas cerradas hasta con candado.
   Tampoco es vagancia de sus dueños, que la vida está muy difícil para andarse con remilgos en el batallar por el dong: ocurre que justo ahora es que los ancestros se regresan al "Más Allá", y hay que despedirlos como a un familiar de provincia.
   Por eso este 15 de enero lunar las pagodas se inundan nuevamente con la profusión de inciensos y ofrendas, pues millones de fieles completan la liturgia primaveral de acogida y despedida de los muertos de la familia.
   Y la ocasión será solemne, pero no es triste, y por si fuera poco, en el "Más Acá" de Hanoi salió el primer sol decente desde el año pasado, como invitación a aprovechar una ciudad primaveral que en menos de dos meses ya será una repuñetera sauna.
   En casi todo Vietnam predomina la cultura Kinh, así que la mayor fiesta anual del país ya es oficialmente historia, salvo en regiones donde hay etnias que comienzan ahora a festejar sus ritos y festivales por una propicia cosecha de arroz...
   Por ejemplo, hasta el presidente de la República, Truong Tan Sang, se descalzó esta semana en la comuna Doi Son para arar un surco como manda la milenaria tradición instaurada por el rey Le Dai Hanh, precursor del festival anual Tich Dien...
   En ese mismo viaje, el mandatario se llegó a Kim Dong para abrir el nuevo festival nacional de la reforestación, concebido a partir de una propuesta del presidente Ho Chi Minh, un día de 1962 que visitaba el Templo de los Reyes Hung, en Phu Thó.
   Sabido es que el Tío Ho, de origen humilde y media vida moviéndose entre selvas y unidades guerrilleras, era un entusiasta de la siembra de árboles y le interesaba promover esta tradición entre sus compatriotas, además de su insólita austeridad.
   Sus últimos años los pasó rodeado de árboles en pleno Hanoi, con especies que él mismo sembraba. Cerca de su penúltima morada crece un raro árbol cuyas raíces semejan espíritus que brotan de la tierra, como geniecillos protectores...
   Pero más allá de espiritualidades, en Hanoi hay que ir por el medio de la calle para sufrir ese sol de mediodía que taladra la mollera y provoca tabardillos. Y para ir por el medio de la calle hay que estar loco o en moto, y valga la redundancia...
   Aquí las aceras están resguardadas por la sombra de un follaje que, eso sí, nada puede contra el insufrible vapor que genera la elevadísima humedad ambiental. Pero para una siesta no tiene precio, si uno logra enajenarse de ruidos y calores...
   También aquí respetan al genio que habita en cada árbol, y la arquitectura muchas veces se adecua al capricho vegetal: yo he visto aquí troncos, ramas y penachos emerger por boquetes en los tejados, abiertos expresamente para la naturaleza.
   Lo cierto es que, en poco más de una década, Vietnam triplicó su cobertura forestal a un 40 por ciento de su territorio, y ahora el gobierno aprobó un proyecto piloto para promover la protección y el desarrollo sostenible de los bosques.
   El plan se implementará primero en los Parques Nacionales de Xuan Thuy y Bach Ma, donde mucha gente se beneficia de la explotación de los recursos forestales, a costa de la degradación de los ecosistemas, pensando únicamente en su bolsillo.
   Pero Vietnam es demasiado vulnerable al cambio climático como para cruzarse de brazos, por eso de paso intenta frenar el severo contrabando de madera a través de Laos, porque más allá de un crimen o un pecado ecológico, se trata ahora de la seguridad nacional.
   Ya mencioné el festival Tich Dien, nacido en el año 987. Desde entonces, la máxima figura del Estado vietnamita acude a dicha cita para demostrar la importancia que concede el gobierno al sector agroforestal, alma de esta nación...
   Los cultivos se resintieron durante años por la guerra y la posterior importación de un modelo agrícola con ánimos de "koljós", pero cuando en 1986 los vietnamitas decidieron ser vietnamitas y hacer las cosas a su manera, el despegue fue total.
   No hay espacio desaprovechado, no hay jardín improductivo, ni trillo mayor del necesario: el arrozal llega hasta la puerta misma de la casa, pero aquí sí tienen bien claro que el hambre que pasaron no la vuelven a pasar teniendo donde sembrar algo...  
   Con decir que de ser una nación importadora de alimentos ahora son los segundos exportadores mundiales de arroz y café, solo superados por Tailandia y Brasil, y sus camarones y filetes de basa son implorados en mercados del primer mundo.
   Pero más aún: en plena guerra Cuba donó unas vacas que los vietnamitas criaron como pudieron en la meseta del Moc Chau. Cuatro décadas después, Vietnam logró desarrollar una digna industria de productos lácteos, mientras que Cuba...
(Suspiro profundo)
   ...mientras que Cuba sueña con clonar a Ubre Blanca y aquellos memorables 109 litros y medio de leche que le ordeñaron una inspirada mañana de 1982... ¡Ayúdame Gregor!