…dos vuelos
¡¿Cómooooooo?!
Cuando la “em oi”* del check-in me
entregó par de pases a bordo, pensé que como mi pasaje era ida y vuelta, ya me
adelantaba el regreso. Pero cuando vi impreso Vientiane me dije, “vaya, la
cagaron” y me apuré a aclararle…
- “Em oi, I’m going to Kampuchea” (nótese la combinación de inglés y
vietnamita, explosiva mezcla que con mucha mímica me salvó la vida 2 años en
Hanoi).
- “Yes sir (su inglés, impecable) you
have to take 2 flights. Please, move on”.
LO QUE DIJE: “Well thank you, xin ca mòn”
LO QUE PENSÉ: “Aaaaaarrrgrghhhhaaaaannoooooooooooooo”
De hecho, recuerdo el pedazo de susto
que me pegaron al aterrizar la primera vez que viajé con la aerolínea nacional
de Vietnam, a Laos precisamente… A mí los pilotos de Copa, Air France, Taca y
Aeroflot me habían acostumbrado al descenso gradual, como vacilando los peldaños
de la escalera zepeliana… Pero estos “em
oi” se lanzan en picada, a una velocidad solo comparable a la que desarrollan
mis wevos del escroto a la garganta en cada aterrizaje…
Luego me acostumbré y hasta me sentía
más seguro: me contaron que muchos son pilotos occidentales que no tienen
trabajo o son mal pagados en sus países, y en Vietnam hacen su pan. Como los
futbolistas africanos y argentinos, desconocidos hasta en su casa, pero que en
Asia son Drogba o Messi. Okey, sus salarios serían irrisorios en Europa, pero
en Vietnam,hmmmmm…
Pero vuelvo al cuento de los pilotos
clavadistas.
También supe que muchos, en especial los
vietnamitas, fueron pilotos de combate. Eso quizás explica sus maniobras
bruscas, pero que yo aprendí a gozar, y las gozaba casi tanto como el susto que
provocaba en otros extranjeros, turistas sobre todo.
Recuerdo una vez que volvía de
Saigón, y al lado se me sentó una francesa, señora mayor ella. Cuando la nave
comenzó el descenso a Hanoi, noto a la vieja mirando nerviosa por la
ventanilla, a mí, al pasillo, hasta que no pudo más y me preguntó, asumiendo
que yo entendía francés:
-
Excuse moi,
c’est normal?
-
Oui, oui,
madam, pas problema… -le contesté, apelando a un bocadillo inolvidable
de Astérix y Cleopatra, con su más inolvidable aún Monica Belluci. La señora se
calmó, o aparentó calmarse, y el A330 se posó, delicado como siempre, en la
pista del aeropuerto Noi Bai.
Mientras el avión rodaba rumbo a la
terminal y los vietnamitas bajaban sus bultos, cagándose olímpicamente en la
orden de mantenerse sentados y con el cinturón puesto hasta que apagaran los
motores, me viré para la vieja y le susurré sonriente la gran verdad que le
oculté antes:
-
Madam, je
m’emmerde toujours… -y ante su atónita jeta, me paré a recoger la mochila
donde traía el mayor tesoro del Delta del Mekong: una mano de plátano macho
como no se consigue en Hanoi, y que casi vuelve loca a media Aduana en Saigón.
Pero esa es
otra historia, a ver cuándo la cuento…
* em oi, es la manera vietnamita de
llamar a una persona más joven, sería algo así como hermana(o) menor. Algunos
latinos en Vietnam usamos nos referimos en general a los jóvenes como los
“emoe”, un cariñoso barbarismo…







